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Atención farmacéutica en el tratamiento de los hongos en las uñas

Posted on 11 septiembre 2014 by María Mejía Recuero

 

TRATAMIENTO DE LA ONICOMICOSIS

 

Tengo hongos en las uñas, ¿y ahora qué?

Aunque se trata de una infección crónica, el tratamiento de la onicomicosis es controvertido ya que algunos expertos opinan que no se trata de un problema de salud, sino de estética, por lo que no requeriría tratamiento.

La realidad es que la onicomicosis genera un gran número de consultas médicas, molestias y dolor en los que la sufren con la consiguiente disminución de la calidad de vida, sin olvidarnos del riesgo de auto-contaminación a otras partes del cuerpo y el contagio a otras personas en piscinas, vestuarios,…

El tratamiento habitual se realiza con antifúngicos de forma tópica, es decir, se aplica directamente sobre la zona afectada, oral o una combinación de ambos, que suele ser la opción más efectiva. A continuación, se detallan los tratamientos más habituales con recomendaciones sobre su administración, efectos adversos y precauciones. Ante cualquier duda, consulta con nosotros.

Tratamiento tópico

Es habitualmente la terapia de elección que se utiliza tras el diagnóstico inicial de onicomicosis debido a la menor incidencia de efectos adversos frente al tratamiento oral. Está indicada en el tratamiento de onicomicosis superficial blanca y onicomicosis subungueal distal o lateral, siempre y cuando la infección afecte a menos del 50% de la superficie de la placa ungueal.

La presentación del producto en forma de laca es la más eficaz, ya que es la que asegura un mayor contacto del fármaco con la uña. Estos productos suelen aplicarse en toda la uña (no sólo en la zona afectada) y además, en 5 milímetros de la piel circundante, pero es importante que leas la forma de administración específica de cada medicamento.

Éstos son los fármacos empleados con mayor frecuencia en el tratamiento tópico:

Amorolfina tópica al 5%. 1-2 aplicaciones a la semana.

Es fundamental que antes de cada aplicación se limen lo mejor posible las partes enfermas de la uña, sobre todo la superficie de las mismas. El tratamiento debe prolongarse hasta la curación de la uña que puede ser hasta los seis meses en las uñas de las manos y hasta nueve en el caso de las uñas de los pies, pero es recomendable revisar el tratamiento cada 3 meses.

Ciclopirox olamina  al 8% se utiliza en las onicomicosis que no han afectado a la matriz. Durante el primer mes, se recomienda aplicar sobre las uñas afectadas cada dos días. En el segundo mes la aplicación puede reducirse, como mínimo, a dos veces por semana y a partir del tercer mes, la aplicación puede efectuarse una vez a la semana. El tratamiento suele durar una media de tres meses en las infecciones de las uñas de las manos y no más de 6 en caso de infección de las uñas de los pies.

Tioconazol 28% debe aplicarse cada 12 horas en las uñas afectadas. Puede irritar la piel alrededor de la uña afectada.

Tratamiento oral

El tratamiento oral de las onicomicosis está indicado en la infección por algunas levaduras agresivas, la micosis ungueal por hongos oportunistas o cuando fracasan los tratamientos tópicos.

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Terbinafina comprimidos 250 mg. Para el tratamiento de onicomicosis por dermatofitos pero no para el de levaduras. El tratamiento se debe prolongar un mínimo de 12 semanas en los pies y 6 semanas en las manos. En caso de pacientes con insuficiencia hepática o renal se precisa ajuste de dosis y además, es necesario seguir un control de los niveles de transaminasas (enzimas hepáticas) durante el tratamiento.

Si inicias tratamiento con Terbinafina y comienzas a sentir náuseas inexplicables y persistentes, anorexia, fatiga, vómitos, dolor abdominal superior derecho, ictericia (coloración amarillenta en piel u ojos), coloración oscura de la orina o deposiciones claras, debes acudir a tu médico para valorar la continuidad del tratamiento.

Fluconazol: 150 mg una vez a la semana durante 6 meses en caso de onicomicosis en las uñas de las manos y hasta 12 meses en las uñas de los pies.

Debe administrarse con precaución en caso de insuficiencia renal y se debe realizar un seguimiento de la función hepática. Además, hay que extremar las precauciones si se administra fluconazol junto a anticoagulantes orales, benzociazepinas de acción corta, carbamazepina, fentanilo, antagonistas de los canales de calicio, ciclofosfamida,…

Itraconazol. La pauta de tratamiento en onicomicosis con itraconazol puede ser de dos tipos:

Pulsátil: esta pauta intercala periodos en los que se debe tomar la medicación con periodos de descanso.

Un tratamiento pulsátil con itraconazol consiste en la administración de 200 mg cada 12 horas administrados con las comidas durante una semana. En las infecciones de las uñas de las manos se recomiendan dos tratamientos pulsátiles, y en las infecciones de las uñas de los pies tres tratamientos pulsátiles. Los tratamientos pulsátiles se separan siempre por intervalos de tres semanas sin tratamiento.

Continuo: 200 mg 1 vez al día durante 3 meses.

Itraconazol debe usarse con precaución en pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva y se debe hacer seguimiento de la función hepática. Además, tiene un alto potencial de interacción con otros fármacos siendo necesario ajustar las dosis en caso de coadministrar junto a anticoagulantes orales, IP de VIH, verapamilo y otros bloqueadores de los canales de calcio, algunos inmunosupresores como ciclosporina o tacrolimus, además de, digoxina, carbamacepina, alprazolam intravenoso, midazolam, rifabutina, metilprednisolona y ebastina.

Además, se recomienda no utilizar los siguientes fármacos durante el uso de itraconazol: terfenadina, cisaprida, triazolam, midazolam oral, quinidina y algunos inhibidores de la CoA-HMG reductasa como lovastatina y simvastatina.

Recuerda: si vas a iniciar tratamiento con algún antifúngico oral, aclara con tu médico o farmacéutico el perfil de toxicidad del fármaco y las posibles interacciones con tu medicación habitual.

Fuentes:

Onicomicosis: diagnóstico y tratamiento. Información terapéutica del Sistema Nacional de Salud. Volumen 32, Nº 3/2008.

Onycomicosis, management & treatment. Medscape reference. Julio 2014.

Guía Clínica para el diagnóstico y tratamiento de la onicomicosis.

 

 

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¿Qué es la onicomicosis?

Posted on 11 septiembre 2014 by María Mejía Recuero

 

¿HONGOS EN LAS UÑAS?

 

¿Eres de las que este verano no se ha puesto sandalias para no mostrar a ese molesto y desagradable visitante? ¿O de los que enseña los pies sin preocupaciones porque ya es como de la familia?. Sí, hablamos de los hongos en las uñas.

En este post vamos a dar a conocer a estos pequeños seres que infectan nuestras uñas produciendo dolor y dándoles ese aspecto tan poco atractivo.

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¿De dónde vienen?

El término sanitario para hablar de infección por hongos en las uñas es onicomicosis y puede estar producida por:

–          Dermatofitos: penetran en la uña a través de pequeñas heridas o erosiones siendo el principal causante de la onicomicosis subungueal distal y lateral.

–          Levaduras: generalmente afectan a las uñas de las manos produciendo dolor. Las mujeres son las más afectadas por este tipo de agente.

–          Mohos no dermatofitos: suelen ser oportunistas, es decir, afectan a personas con algún tipo de inmunodeficiencia.

Una vez que infectan nuestras uñas producen en las mismas cambios en el color, grosor y forma, dándoles un aspecto poco atractivo y produciendo molestias que aunque no suelen ser graves sí pueden prolongarse en el tiempo, e incluso, extenderse a otras zonas del cuerpo como la piel o el pelo.

¿A dónde van?

Existen varios tipos de infección en función de la parte de la uña que se ve afectada:

–           Subungueal distal y lateral: es la más frecuente y casi siempre causada por dermatofitos, aparece generalmente en las uñas de los pies. Afecta principalmente al hiponiquio y los bordes laterales, extendiéndose en dirección al eponiquio. Una vez que afecta a la matriz, la uña puede llegar a desprenderse.

–          Subungueal proximal: suele aparecer en pacientes con algún tipo de inmunodeficiencia. La infección se inicia en el pliegue proximal, cerca del eponiquio, y se extiende hacia el hiponiquio, al contrario que la subungueal distal.

–          Superficial blanca: es muy poco frecuente y sólo afecta a la superficie de la uña, no al lecho ungueal. Produce el blanqueamiento de la uña, de ahí su nombre.

anatomia uñas

Conocer el tipo de onicomicosis que padeces es importante, porque el tratamiento va a depender de ello, así como del tipo de hongo  que produce la infección, por lo que  a la hora de realizar el diagnóstico éste no debe ser sólo clínico, sino que debe ir acompañado de un cultivo microbiológico.

Y ahora, ¿qué hago?

El tratamiento se realiza con antifúngicos por vía tópica, oral o combinando ambas. Si quieres saber más sobre el tratamiento puedes seguir leyendo aquí.

Prevenir mejor que curar

Prevenir siempre es el primer paso, algunas de las medidas higiénicas para prevenir la infección de nuestras uñas son las que te proponemos a continuación:

Seca bien las uñas de manos y pies después de lavarlas o mojarlas ya que el agua deteriora la lámina ungueal y la debilita por lo que la uña es más propensa a sufrir infecciones. Además, es recomendable que no utilices calzado de tejidos que  no transpiren.

– La manicura y pedicura deben realizarse de forma no agresiva, evitando pulir la lámina ungueal y sin lesionar la cutícula.

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– Evita andar descalzo en piscinas, duchas u otros sitios públicos.

– Debes tener especial cuidado si realizas labores domésticas ya que el contacto con detergentes, lejía y otros productos químicos pueden dañar las uñas. En estos casos, es recomendable el uso de guantes.

Fuentes:

Onycomicosis, management & treatment. Medscape reference. Julio 2014.

Guía Clínica para el diagnóstico y tratamiento de la onicomicosis.

Onicomicosis: diagnóstico y tratamiento. Información terapéutica del Sistema Nacional de Salud. Volumen 32, Nº 3/2008.

 

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ELA, Esclerosis Lateral Amiotrófica

Posted on 27 agosto 2014 by María Mejía Recuero

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) ha cobrado una especial trascendencia mediática tras la campaña del “cubo helado” para recaudar fondos para investigación.  Pero, ¿qué sabes realmente de ésta enfermedad?

sncSistema Nervioso Central y motoneuronas

El Sistema Nervioso Central está compuesto por el encéfalo (en el que se incluye el cerebro) y la médula espinal y entre sus funciones se encuentra la del control del movimiento.

Las motoneuronas son células nerviosas que van desde el cerebro hasta los distintos músculos de todo el cuerpo y son las que se encargan de transmitir el impulso nervioso que permite realizar cualquier movimiento. Se distinguen dos tipos:

–       Neurona motora superior: transmiten el impulso nervioso desde la corteza cerebral hasta la médula espinal.

–       Neurona motora inferior: enlazan con la neurona motora superior en la médula espinal y transmiten el impulso nervioso al músculo para producir la contracción del mismo.

 motoneurona

 ELA

La ELA es una enfermedad que cursa con la degeneración y muerte de estas motoneuronas, lo que provoca una paralización progresiva de los músculos de contracción voluntaria y su posterior debilitamiento y atrofia. Cuando esta atrofia afecta al diafragma y a los músculos de la pared torácica se pierde la capacidad de respirar y los pacientes precisan de un respirador artificial para poder sobrevivir.

 La incidencia de esta enfermedad en España es de alrededor de 900 nuevos casos cada año afectando con mayor frecuencia a varones y a personas entre los 40 y 60 años de edad. Un alto porcentaje de los pacientes afectados por ELA mueren de fallo respiratorio entre los 3 y 5 años desde el comienzo de los síntomas, aunque algunos pacientes pueden sobrevivir hasta 10 años o más. (Stephen Hawking)

Como ya se ha comentado, la ELA sólo afecta a las motoneuronas, por lo que las funciones mentales, sentidos y músculos de contracción automática, como el corazón, permanecen intactas.

 Causa

Se desconoce el origen de la ELA y los factores que pueden  iniciar la degeneración de las motoneuronas, aunque existen varias líneas de investigación. En una de ellas se descubrió que la mutación de algunos genes concretos estaban asociados a casos de ELA familiar, aunque también se están estudiando factores ambientales, deficiencias en la dieta o el aumento del glutamato en los pacientes con ELA como posibles causas.

Tratamiento

No existe cura, por lo que el tratamiento está dirigido a paliar los síntomas asociados a la enfermedad, siempre desde un punto de vista multidisciplinar.

Hasta la fecha, sólo existe un fármaco, riluzol, que ha demostrado prolongar la vida o el tiempo hasta la instauración de ventilación mecánica aunque el mecanismo por el que lo hace tampoco está claro.

La dosis habitual para un adulto es de un comprimido de 50 mg cada 12 horas, siendo necesario tomar precauciones en caso de padecer insuficiencia hepática o en pacientes que hayan padecido aumento de las transaminasas (enzimas hepáticas) en alguna ocasión.

Como hemos comentado, el resto de tratamientos está dirigido a paliar los síntomas de la enfermedad como el cansancio, la espasticidad, los calambres, las flemas, el aumento de saliva, la depresión,… siendo de especial importancia el papel del farmacéutico en el equipo de trabajo para realizar un adecuado seguimiento farmacoterapéutico para detectar y solventar las posibles interacciones y para informar sobre el manejo de los posibles efectos adversos.

Son muchas las investigaciones abiertas para descubrir qué origina la ELA y cómo curarla. Si quieres colaborar, puedes hacerlo en el siguiente enlace:

Asociación Española de ELA: http://sites.adelaweb.com/web-adela/

Para leer más:

ALS association

Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos (INH)

Asociación Valenciana de Esclerosis Lateral Amiotrófica

Para pacientes y familiares:

Una guía de recursos para vivir una vida más plena con ELA

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Enfermedad Inflamatoria Intestinal. ¿Cómo tratarla?

Posted on 13 enero 2014 by María Mejía Recuero

imagesLa enfermedad inflamatoria intestinal es un término que se utiliza para referirse a una serie de problemas que afectan al intestino, siendo las más destacadas la: Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa.

 A continuación veremos su tratamiento:

Empezamos por los aminosalicilatos (mesalazina y sulfasalazina), usados sobre todo en colitis ulcerosa de leve a moderada. Son fármacos relativamente seguros: pocas contraindicaciones, efectos adversos poco importantes….

Continuamos con los corticoides, fármacos de elección para la remisión de los brotes moderados-severos, pero no eficaces en el tratamiento. Existen numerosas e importantes complicaciones asociadas a su uso:

-Corticorresistencia: pacientes que no responden al tratamiento.

-Corticodepencia: pacientes que agravan sus síntomas cuando se intenta retirar el medicamento.

-Mayor necesidad de cirugía y probabilidad de infección.

-Alta incidencia de efectos adversos: hipertricosis, cushing, hipertensión, osteoporosis y cataratas.

También son muy usados los inmnunosupresores (ciclosporina, tacrólimus, metotrexato, tiopurina y azatioprina) que constituyen alternativas en pacientes con enfermedad moderada-grave que no responden a corticoides. Entre sus efectos adversos hay que destacar neurotoxicidad y hepatotoxicidad.

En cuanto a la antobioticoterapia, sólo está recomendada en los casos en los que haya infección.

Finalmente y no por ello menos importantes, están los “gold standard”, los anti-TNFα (infliximab y adalimumab). Fármacos usados en pacientes en los que la terapia con corticoides e inmunosupresores no resulta efectiva. Tanto infliximab como adalimumab muestran similar eficacia y su elección se basa en las preferencias del paciente, estando sólo indicados en Enfermedad Inflamatoria Intestinal activa de moderada a grave.

Los efectos adversos más comunes son: irritación, picor y/o dolor en el lugar de administración y reactivación de infecciones bacterianas y víricas por alteración del sistema inmune.

Se recomienda su administración conjunta con inmunosupresores, ya que existe un aumento de la eficacia y una disminución de la alteración inmune frente a los anti-TNFα.

En cuanto a la forma de administración, el infliximab debe ser administrado en perfusiones intravenosas y por tanto en el hospital. En cambio, el adalimumab se presenta en jeringa inyectable y los pacientes pueden auto-inyectársela tras un adecuado aprendizaje de la técnica.

Publicado por:

        Julia Sánchez Gundín           

Residente Farmacia Hospitalaria

 

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Autora: María Mejía Recuero.
Licenciada en farmacia y Especialista en Farmacia Hospitalaria.
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