Casi todos hemos oído hablar del asma o tenemos relación con alguien que la padece. Esto se debe a que estamos ante una de las patologías crónicas de mayor prevalencia en nuestro país, donde entre el 4,3 % y el 5,7% de la población tiene asma.
Los libros y guías médicas la definen como “una enfermedad crónica de las vías respiratorias, en la que intervienen diversas células y mediadores de la inflamación. Está condicionada en parte por factores genéticos y cursa con hiperrespuesta bronquial y obstrucción variable del flujo aéreo, total o parcialmente reversible, ya sea por acción de medicamentos o de forma espontánea”.
¿Qué significa esto exactamente?
Ya sabéis que el oxígeno es imprescindible para la vida tal y como la conocemos y la función de nuestros pulmones es captarlo y liberar el dióxido de carbono, que es un producto de desecho de nuestro organismo.
El aire que aspiramos entra en los pulmones desde la tráquea (1), pasando por distintas ramas bronquiales (2,3), bronquiolos (4) y finalmente llegando a los alveolos (5), donde se produce el intercambio de gases con la sangre.
Como ya se ha comentado, el asma es una enfermedad que cursa con inflamación de las vías respiratorias, que puede producir una disminución del “hueco” dentro de los “tubos” por donde pasa el aire, lo que se llama broncoconstricción. La broncocostricción es un proceso agudo que produce sibilancias (pitos), tos, dificultad para respirar, moco y sensación de presión en el pecho.
En las personas sensibles, el asma puede desencadenarse por la inhalación de sustancias causantes de alergias, llamadas alérgenos o desencadenantes. Los más comunes son:
- Animales (caspa o pelaje de mascotas)
- Ambientales: polvo, polen
- Cambios en el clima (con mayor frecuencia clima frío)
- Químicos en el aire o en los alimentos
- Ejercicio
- Moho
- Infecciones respiratorias
- Humo del tabaco
Destacar que algunos medicamentos muy comunes pueden desencadenar un ataque de asma en algunos pacientes como el ácido acetilsalicílico y otros antinflamatorios no esteroides (AINES).
Entre los químicos que podemos encontrar en los alimentos y bebidas, destacar los sulfitos, utilizados como conservantes y antioxidantes en vinos, frutas deshidratadas, bebidas energéticas,… y que consumidos en cierta cantidad pueden desencadenar un ataque de asma en pacientes sensibles. Los reconocerás bajo las siguientes referencias: E-220, E-221, E-222, E-223, E-224, E-226, E-227.
Recuerda: si padeces asma es muy importante que seas consciente de que padeces una enfermedad respiratoria crónica, pero ciertos alérgenos desencadenan un proceso agudo, la broncoconstricción.
Es importante que los pacientes asmáticos conozcan su enfermedad y reciban una educación sanitaria específica para su patología además de conocer en qué consiste su tratamiento y cómo llevarlo a cabo.












Autora: María Mejía Recuero. 





